Seis razones por las que nuestra sociedad ha demonizado el colecho


1- Porque el sueño en solitario está de moda desde hace apenas unos centenares de años.

Esta costumbre fue instaurada en nuestra sociedad occidental industrializada por las razones que tan bien resume James Mckenna en una tabla publicada en una de sus revisiones (ver la tabla 3.1 aquí debajo).  Ninguna tiene nada que ver con la evidencia científica. 

2- Porque la pediatría del sueño occidental ha naturalizado el sueño en solitario

(o sea, investiga y actúa como si dormir en solitario y sin recibir lactancia manera fuera la manera natural de dormir del bebé humano y, por lo tanto, el modelo de sueño saludable). 

3- Porque en los viejos estudios científicos sesgados, mal diseñados e imprecisos

(ni siquiera diferencian entre los tipo de colecho ni las motivaciones para realizarlo) concluyen que colechar es malísimo para todos y para todo. Esto es, de hecho, el resultado directo de la naturalización del sueño en solitario. Estudios más recientes, más rigurosos, objetivos, multidisciplinares y precisos, aseguran que el colecho intencionado es bueno para padres y bueno para hijos.

4- Porque para algunos profesionales de la pediatría del sueño la evidencia científica no tiene importancia si va en contra de sus prejuicios.

Por eso, el hecho de que dormir en compañía de su madre (recibiendo lactancia a demanda) sea la manera natural de dormir de la criatura humana les parece un argumento que peca de naturalismo (esto es, pensar que lo natural es siempre mejor que lo artificial) y eso les permite despreciar todas las evidencias científicas a favor del colecho.

5-Porque temes (o te hacen temer) que puedes dañar a tu hijo.

Y eso no es cierto. No es cierto y no es cierto. Esa creencia es el resultado de los cuatro puntos anteriores, pero el colecho realizado desde el deseo u acorde con lso valores de los padres solo ha demostrado efectos positivos en los estudios más recientes y mejor diseñados. 

6- Porque temes (o te hacen temer) que pueda interferir en tu relación de pareja.

Aunque, claro, tener un hijo en sí interfiere muchísimo en la relación de pareja, duermas con él o no. Yo que tú me lo pensaría, porque en cuanto llega el bebé estará presente en tu vida las 24 horas del día los 7 días a la semana, aunque intentes huir de él por la noche cerrando la puerta de su cuarto. Mentalízate, nada será lo mismo nunca más entre tu pareja y tú, lo que no es obligatoriamente malo. Por el contrario, es una enorme oportunidad de crecimiento como dúo que se convierte en trió (o cuarteto, o quinteto…).

De hecho, cuando te dejas (al fin) llevar por la evidencia de que tu hijo necesita estar contigo por el día y por la noche, es alucinante. Intenso y alucinante. Y dormir con él durante esos poquísimos años que dura su infancia (que será el tiempo que él querrá dormir contigo) te proporcionará, y le proporcionará, experiencias preciosísimas de amor, calor, emociones, abrigo, regazo, olor a mamá, olor a teta y a la leche suave, tibia y fresca de mamá. Y tu nunca olvidarás ese olor de tu bebé y de tu niño, el cual, a pesar del baño, conserva el intenso aroma del bosque donde ha pasado la tarde jugando, que a ti traslada a un mundo de árboles frondosos y manantiales de agua helada. Y de vez en cuando un «mamá te quiero» a las tantas de la madrugada, precedidos por ese «mamá teta» que a veces tanto temes pero luego te sumerge en un confortable sueño inundado de hormonas relajantes y oxitocina.

Con un poco de imaginación verás que puedes disfrutar de la intimidad de pareja en otro sitio diferente a la cama matrimonial, o cuando el bebé está en sueño profundo, o a cargo de la abuela. Eso te permitirá dejar la susodicha cama matrimonial y las horas de sueño nocturno como cama y sueño en familia (de hecho, nosotros con ese método hicimos 2 bebés más). ¿De verdad todo lo dicho en el párrafo anterior no te compensa el no poder echarte unos polvos y quedarte dormido sin tener que cambiar de sitio?, ¿De verdad vale la pena perderte el colecho con tu criatura, obligándote lidiar con ella unos cuantos años hasta que le convences de que ¡a dormir a su cuarto!? Piénsatelo. Sin prejucios, sin miedos, sin mitos absurdos en tu mente. Colechar con tu hijo es bueno para él ¿Estás tan segura de que no es bueno para vosotros… de que no es bueno para todos?

Hay por ahí unos métodos con los que aprendes a ignorar su llanto y desconectarte de sus sentimientos (y los tuyos), vendidos por unos doctores que te quitarán la culpa con cuatro palabras bien dichas apoyadas en esa ciencia que naturaliza el sueño en solitario. Sí, esa ciencia que está siendo desenmascarada y desplazada por la otra ciencia del sueño infantil de más reciente producción, la que hacen los investigadores que denuncian dicha naturalización y hablan de las necesidades primales del ser humano. Estos últimos, encima, no venden nada, y por eso se les ve muy poco en los medios de comunicación de masas. Y es que el colecho difícilmente dará muchos beneficios económicos, ya que se hacen innecesarios todos esos productos tipo lociones, medicamentos, hierbecitas, yogures y leches «maternizadas» especiales para la noche (dicen que les añaden triptófano y tal) y artefactos y cunas que vibran, laten y hacen shhhhhhhhhhhhh para que el bebé se duerma.

Y por último, si las cinco razones no te convencen, pues solo te quedan dos opciones:

1- No coleches si no quieres,  sin más. Si no te da la gana, pues no te da la gana. Faltaría más. 

2- Si colechas, colecha con placer y a conciencia. Disfrútalo intensamente. Dura muy poco. Tal vez haya noches puedan parecerte muy largas pero, te lo prometo, los años son muy cortos.

María Berrozpe, PhD