CINCO RAZONES POR LAS QUE NO DEBES DORMIR CON TU HIJO


1- Porque el sueño en solitario está de moda desde hace a penas unos centenares de años. Esta costumbre fue instaurada en nuestra sociedad occidental industrializada por las razones que tan bien resume James Mckenna en una tabla publicada en una de sus revisiones (ver la tabla 3.1 aquí debajo).  Ninguna tiene nada que ver con la evidencia científica. 

2- Porque para algunos profesionales de la pediatría del sueño la evidencia científica no tiene importancia si va en contra de sus prejuicios. Por eso, el hecho de que dormir en compañía de su madre (recibiendo lactancia a demanda) sea la manera natural de dormir de la criatura humana les parece un argumento que peca de naturalismo (esto es, pensar que lo natural es siempre mejor que lo artificial) y eso les permite despreciar todas las evidencias científicas a favor del colecho.

3- Porque la pediatría del sueño occidental ha naturalizado el sueño en solitario (o sea, investiga y actúa como si dormir en solitario y sin recibir lactancia manera fuera la manera natural de dormir del bebé humano y, por lo tanto, el modelo de sueño saludable). Trayéndole al pairo el punto dos. 

4- Porque interfiere en tu relación de pareja. Aunque, claro, tener un hijo en sí interfiere muchísimo en la relación de pareja, duermas con él o no. Yo que tú me lo pensaría, porque en cuanto llega el bebé estará presente en tu vida las 24 horas del día los 7 días a la semana, aunque intentes huir de él por la noche cerrando la puerta de su cuarto. Mentalízate, nada será lo mismo nunca más entre tu pareja y tú, lo que no es obligatoriamente malo. Por el contrario, es una enorme oportunidad de crecimiento como dúo que se convierte en trió (o cuarteto, o quinteto…).

De hecho, cuando te dejas (al fin) llevar por la evidencia de que tu hijo necesita estar contigo por el día y por la noche, es alucinante. Intenso y alucinante. Y dormir con él durante esos poquísimos años que dura su infancia (que será el tiempo que él querrá dormir contigo) te proporcionará, y le proporcionará, experiencias preciosísimas de amor, calor, emociones, abrigo, regazo, olor a bebé y olor a mamá, olor a teta, olor a cabecita de bebé, olor a cabecita de niño que ha pasado toda la tarde en el bosque, y algún «mamá te quiero» a las tantas de la madrugada, precedidos por ese «mamá teta» que a veces tanto temes (además de dormir rebozada por niños, si tienes más de uno, o en los 10 cm del extremo de la cama, aunque esta mida 3 metros, y levantarte algún que otro día mojada por el pipí de tu minicompañero de almohada).

Cierto que el sexo con tu pareja podrías hacerlo en otro sitio diferente a la cama matrimonial, o cuando el bebé está en sueño profundo, o a cargo de la abuela (es cuestión de imaginación), y dejar la susodicha cama matrimonial y las horas de sueño nocturno como cama y sueño en familia (de hecho, nosotros con ese método hicimos 2 bebés más). Pero vamos, que todo lo anterior tal vez no te compense el no poder echarte unos polvos y quedarte dormido sin tener que cambiar de sitio, y para ti sea mejor perderte el colecho con tu criatura, obligándote lidiar con ella unos cuantos años hasta que le convences de que ¡a dormir a su cuarto! Faltaría más que ahí mandas tú, a ver si se te va a subir a la chepa

Hay por ahí unos métodos con los que aprendes a ignorar su llanto y desconectarte de sus sentimientos (y los tuyos), vendidos por unos doctores que te quitarán la culpa con cuatro palabras bien dichas apoyadas en esa ciencia que naturaliza el sueño en solitario. Sí, esa ciencia que está siendo desenmascarada y desplazada por la otra ciencia del sueño infantil de más reciente producción, la que hacen los investigadores que denuncian dicha naturalización y hablan de las necesidades primales del ser humano. Estos últimos, encima, no venden nada, y por eso se les ve muy poco en los medios de comunicación de masas. Y es que el colecho difícilmente dará muchos beneficios económicos, ya que se hacen innecesarios todos esos productos tipo lociones, medicamentos, hierbecitas, yogures y leches «maternizadas» especiales para la noche (dicen que les añaden triptófano y tal) y artefactos y cunas que vibran, laten y hacen shhhhhhhhhhhhh para que el bebé se duerma.

5- Porque en los viejos estudios científicos sesgados e imprecisos (ni siquiera diferencian entre los tipo de colecho ni las motivaciones para realizarlo) concluyen que colechar es malísimo para todos y para todo. Estudios más recientes, más rigurosos, objetivos y precisos, aseguran que el colecho intencionado es bueno para padres y bueno para hijos, pero eso lo ignoran los pediatras que te venden los métodos de adiestramiento mencionados en el punto 4. Y si ellos, que saben mucho porque pertenecen a todas las asociaciones del sueño planetarias, lo ignoran, por algo será. Aunque el «será» tenga más que ver con sus intereses económicos y prejuicios culturales que con su vocación científica. 

Y por último, si las cinco razones no te convencen, pues solo te quedan dos opciones:

1- No coleches porque no te sale de……… sin más. Si no te da la gana, pues no te da la gana. Faltaría más. 

2- Colecha y colecha con placer. Disfrútalo intensamente. Dura muy poco. Tal vez haya noches largas, pero los años son muy cortos

María Berrozpe, PhD